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Garzón, la ley y la justicia.

Miles de personas se han echado a la calle a favor del Sr. Garzón, suspendido cautelarmente de sus funciones como magistrado. Actualmente se encuentra trabajando para la Fiscalía de la Corte Penal Internacional, entretanto se decide su futuro, pendiente de varias sentencias del más alto tribunal español que le juzga por varios presuntos delitos, entre otros, por declararse competente para juzgar los llamados crímenes de la etapa de la dictadura franquista en España y haber ordenado una serie de diligencias, como la exhumación de cadáveres asesinados y enterrados hace más de cuarenta años.

Por ello y por mucho más se le acusa de prevaricación, además de cohecho por unas dietas millonarias relacionadas con unas conferencias que dio en Nueva York y en una tercera causa por haber interceptado las comunicaciones entre imputados y letrados en un asunto seguido actualmente por corrupción que afecta a la financiación del partido político más votado del país en las recientes elecciones.

En fin, todo un escándalo para algunos, colegios de abogados incluidos y toda una injusticia para la mayoría del pueblo, según recientes encuestas publicadas por televisión española. Hasta la Fiscalía del mismísimo Tribunal Supremo ha llegado a calificar la primera de las acusaciones de insostenible e insólita en la primera causa que ya se ha juzgado y se encuentra pendiente de sentencia.

Lo cierto es que no hemos podido acceder a las actuaciones judiciales de modo que lo que podemos decir, jurídicamente hablando, es bien poco. Pero sí vamos a intentar poner sobre la mesa una serie de hechos para que ustedes mismos saquen sus conclusiones:

En primer lugar, es curioso aunque no imposible, que a este magistrado se le juzgue en la misma Sala en un plazo no superior a tres meses por tres causas distintas. Es como si de repente se hubiera puesto a delinquir y nos hubiéramos dado cuenta al mismo tiempo. Da que pensar.

En segundo lugar, se debe partir del hecho de que el máximo exponente de la justicia española no va a sentenciar, sea para absolver o para condenar, sin fundamentar en Derecho y con todo lujo de detalles su resolución, sea la que sea. La Sala Segunda del Tribunal Supremo es un orgullo para todo jurista que se precie en este país y a su numerosa jurisprudencia nos remitimos, y ha estado y está integrada por magistrados expertos juristas de más que acreditada competencia, lo cual es algo que nadie puede poner en duda, por mucho que su pasado sea o no franquista.

Lo cierto también es que muchos que se dicen ahora antifranquistas eran los primeros en ir a la Plazade Oriente a gritar vítores a Franco. Habría que haberles visto decir en aquella época lo que ahora se atreven a manifestar. Entonces sí que tenía mérito y si no, que se lo cuenten, dicho sea con el debido respeto, a las familias de aquellos que precisamente Garzón quiso exhumar. A ello hay que añadir el hecho de que la mayoría del pueblo español, según han publicado recientes encuestas en televisión, está a favor del Sr. Garzón y el pueblo no entiende de leyes ni de sentencias. Lo que el pueblo entiende es que la ley y los tribunales están para hacer justicia y no le falta razón pues no en vano la justicia emana del pueblo y en este caso, quiera o no La Sala, el pueblo sí que tiene algo que decir al tratarse de un asunto que ha trascendido con creces la opinión pública. No exageramos y nos alegra que así sea pues significa que el pueblo todavía se manifiesta ante lo que entiende que es una injusticia, lo sea o no.

Y aquí llegamos a la consideración que queríamos dejar para quien nos lea: Una cosa es aplicar la ley y otra hacer justicia. En Derecho penal internacional (léase Tratado de Roma suscrito por España para la constitución dela Corte Penal Internacional) se recoge la posibilidad de no condenar cuando no haya interés para la justicia. Lo cierto es que no siempre que se aplica la ley se hace justicia y si la ley no sirve para hacer justicia habría que preguntarse para qué sirve.

No estamos diciendo que sea injusto condenar al Sr. Garzón, pues subjetivamente lo puede ser para unos y no para otros, pero si se le condena, tengan la seguridad de que pasará a la Historia como una condena en contra del sentir del pueblo español y de la comunidad internacional. No hay ni un solo gesto de aprobación internacional ni siquiera a la tarea de juzgar que está realizando la Sala Segunda del Tribunal Supremo y no digamos ya en caso de condena. Se podrá argumentar que el Tribunal Supremo español no está a expensas de lo que diga el pueblo o la comunidad internacional sino la ley. Cierto es pero en esto algo tendrá que ver  el hecho de estarse siguiendo una causa tras otra contra el Sr. Garzón en contra del criterio de la propia Fiscalía del Tribunal Supremo que ha llegado a calificar una acusación de “insólita e insostenible“.

En Alemania, por poner un ejemplo, habría sido suficiente para no sentarle en un banquillo ya que la acusación es competencia del Ministerio Fiscal y no de particulares. El hecho de enjuiciar así al Sr. Garzón ya es un daño de difícil reparación para quienes somos conscientes de lo que significa el criterio contrario de la Fiscalía española, pero lo que será un daño irreparable es su condena y no sólo en perjuicio del máximo exponente de la justicia penal española sino de la de todos aquellos que la han precedido y han tenido el honor de sentarse allí a juzgar, dejando buena parte de sus esfuerzos si no sus propias vidas.

En manos de unos pocos queda.


 

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