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Catalunya y el arte de lidiar

21.X.16   La reciente Sentencia del Tribunal Constitucional sobre la denominada “anulación de la prohibición de toros en Cataluña”, ha levantado alguna ampolleta y tiene visos de convertirse en una tragedia nacional, en consonancia con lo que son los toros para algunos/as, sin que falten quienes ya han encontrado un motivo para sacar de nuevo las banderas, la pandereta y hasta carteles de Euskal herria en favor de los presos etarras, que se trata de aprovechar cualquier circunstancia para armar gresca, pero también para que nadie se olvide de la invasión española del Puigcerdá, ni de la apropiación indebida de una cáscara de huevo que dejó Dalí en el Roselló francés, que por cierto también es catalán, pero invadido esta vez por Francia, y es que no paran de invadirnos, menos mal porque así se mantienen los desfasados unidos en perpetua lucha, aunque sea dando golpes al aire. Pero el Tribunal Constitucional ni ha prohibido ni permitido corridas de toros, tampoco se dedica a ello, ni mucho menos ha impuesto el toreo porque ni es su cometido ni hace falta, ya se dedican a torear de lo lindo todos los días los propios ciudadanos ante tanta mentira y cinismo de tanto dirigente cutre, cercado por lo que conviene decir en cada momento, no vaya a perder votos y tener que irse a casa a cobrar el paro, es el politico “profesional” como algunos se autodenominan no sin displicencia. Por cierto que es el politico reflejo de los muchos ciudadanos que hay en la calle que también quieren aprovecharse personalmente si está a su alcance, sin ningún miramiento hacia el interés general y sin darse cuenta de que éste también es el suyo propio. El Tribunal Constitucional no ha hecho otra cosa que afirmar que el Parlament de Catalunya no tiene competencia para prohibir las corridas de toros al considerar que ésta es una competencia del Estado. Ni más ni menos. Es de considerar que no son pocos los esfuerzos que se han hecho en los últimos tiempos por hacer entender a los catalanes invadidos que la ley se debe respetar, es garantía de seguridad y de convivencia, y que están haciendo un estropicio muy grande a las propias instituciones catalanas quienes desde un Parlament están incitando a la infracción legal, es el colmo de la contradicción pero también de la irresponsabilidad, y está pasando factura, que luego pagamos todos los habitantes de la Península Ibérica, Archipiélago canario, Baleares, Ceuta y Melilla, por no decir España, esa palabra prohibida en el foso sectario de quienes se lo han montado para que no les vuelvan a invadir, y pueden estar tranquilos que a nadie en su sano juicio se le ocurre arrimarse a ellos, todo el día sufriendo la persecución, la discriminación lingüística y las injusticias del Estado opresor, vaya aguante, no es fácil lidiar con ello diariamente, menos mal que no se les exige que tengan arte, pero es que para lo que hacen resulta del todo incompatible, todo sea dicho. Y para malos artistas el propio President, que en un pase poco torero ha llegado a decir que está dispuesto a ir a prisión por el Referéndum, se nota que ha ido poco por la cárcel, por eso la frase hay que tomársela sólo desde el punto de vista anti-artístico, no digo ya anti-taurino, como un poema de una estrofa, que no hace falta ni que rime, puestos  a no exigir ni eso se le pide en la tragicomedia que se ha empeñado en escribir y representar por la ya apestosa arena del Parlament que preside. Llevan mucho tiempo echándole lodos y nadie hace por impedirlo ni por supuesto baja de su estrado a limpiar, eso es para los que pagamos unos impuestos cada vez más injustos cuanto mayores, precisamente porque se destinan a pagarles a ellos.

Pero tampoco quienes gobiernan desde Madrid tienen siempre buen capote ni saben siempre lidiar, no digamos ya con arte, y para muestra un botón. Si se tiene en cuenta que la decisión del Parlament fue del año 2010 y la Sentencia del Tribunal Constitucional llega 6 años más tarde, se observa que hay una ley de por medio en el año 2013 que declara a “la Tauromaquia” – no a las corridas de toros – como “patrimonio cultural digno de protección en todo el territorio español”, y va a ser que esta ley ha servido para apuntalar la Sentencia del Tribunal Constitucional que estamos comentando, hasta el punto de que sin ella, la Sentencia – al menos ésta – no habría sido posible. Dicho mal y pronto, se ha legislado para luego dictar sentencia y esto, en fin, ya no es tan tan. También se dice que aquella ley de la Tauromaquia – no me imagino hablando así a nadie por la calle – no fue recurrida de inconstitucional por nadie, pero tampoco se dice quiénes podrían haberla recurrido, siendo obvio que el Presidente del Gobierno no lo iba a hacer, y tengo mis dudas de si en aquel momento se podían reunir 50 diputados o senadores para este cometido precisamente (cfr. Artículo 31 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional). En resumidas cuentas, ley al canto y viva la Tauromaquia, llámense corridas de toros o todo lo que tenga que ver con el astado, desde el arte de barnizar cuernos hasta comerse un callo vacuno, que todo tiene su arte, a ver quién lo discute, y eso que es una de las pocas leyes – se nota que vamos avanzando – que define legalmente lo que debe entenderse por Tauromaquia (artículo 1 de la ley 18/2013 de 12 de noviembre), lo que pasa es que es un concepto que engloba tantas cosas que al final va a resultar que tenemos otra Comunidad Autónoma y no nos habíamos dado cuenta. Lo digo porque como el concepto de Tauromaquia comprende segun la ley hasta “el arte de lidiar” y aquí en España hace falta mucha arte para lidiar con tanto dirigente ramplón, cacique y corrupto, pues va a resultar que dentro de la Tauromaquia estamos el resto de la población, y camino va esto de convertirse en las dos Españas del siglo XXI.

En todo caso, se olvidan quienes legislan y además de este modo, que a golpe de ley no se conserva una “tradición”, como gusta llamarse ahora cual “concepto” que lo salva todo, y menos siendo cruenta en los tiempos que vivimos, y si no que se lo pregunten a la Roma de los gladiadores, no se puede negar que su lucha fuera una tradición de muchos siglos, y sin embargo una ley acabó prohibiéndola, que tampoco le llamaron arte. Si nos ceñimos, como hace el legislador, a la Tauromaquia, resulta que el espectáculo cruento y doloroso sólo se da en una parte pequeña del macroconcepto, esto es, en las corridas de toros, que también podrían celebrarse sin hacer sufrir al animal ni derramar una gota de sangre. Cierto que sería otra cosa pero o se adelantan o se acabará prohibiendo, que no puede haber arte en el espectáculo de hacer sufrir a un animal hasta su muerte agónica y sangrienta, por mucha ley que lo llame “el arte de lidiar”.

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