La España robada

Son tiempos en los que la referencia al pasado resulta con demasiada frecuencia, en el mejor de los casos, algo que causa indiferencia y, en el peor, algo que se ignora. En el medio se sitúan todas aquellas y aquellos, y no son pocos, que acomodan el pasado a lo que les interesa, de modo que la Historia se convierte en un instrumento presente para alcanzar sus objetivos de futuro, pero siempre que sea un futuro inmediato, casi presente, porque si en el futuro cercano hay que desdecirse se desdice y no pasa nada, a nadie le importa ya lo que se dijo o hizo, o bien se ignora directamente y ya está. Sólo nos lo recordará el político ramplón de turno en una utilización para su interés electoralista, cuya frecuencia aumenta al ritmo de anuncio de elecciones, y llevamos cuatro en cuatro años. Nos dicen además que son profesionales, y deben entenderse por tales los que viven de esto, de modo que sin esto no viven, y que yo conozca son la mayoría, en un cruce de reproches del “y tú más”, sea Gürtel, Eres de Andalucía, pujolismo nacionalista, etc. y lo que queda por robar, sea prometiendo el paraíso independentista, el asalto a los cielos o lo que haga falta, la cuestión es decir lo que más conviene en cada momento para seguir ahí, chupando del bote, aunque sea a costa de destrozar hasta los adoquines de la calzada. Y en esta miopía política de irresponsables llega un momento en el que no sabemos a quién votar, ya no sólo nos roban materialmente cada vez que llegan al poder sino que nos están robando y nos estamos robando algo más importante, la Democracia, ésa que con todos los defectos y críticas que se quieran hacer – ahora es más fácil – nos ganamos con una Transición ejemplar hacia una convivencia en la que hemos cabido todas y todos con todas nuestras ideas y nuestras ilusiones, y no estoy haciendo apología de la Monarquía, pero convendrán en que si cuarenta años después no somos capaces ni de investir al Presidente del Gobierno es porque no estamos preparados para nada más propio de una madurez democrática, como sería por ejemplo una República, y no lo escribo en el estricto sentido del término, ni mucho menos para alentar independentismos, sino por lo que ésta representaría y quiso representar ya en el pasado: la igualdad de oportunidades para todas y todos de alcanzar puestos y cargos de responsabilidad basándose en los méritos personales y no en la ayuda de mamá y papá, de los “contactos” y de toda la herencia franquista que nos dejó un pueblo de sirvientes voluntarios, hasta hoy. Por cierto que de esta herencia franquista del apadrinamiento y del servilismo no se escapa nadie, a un lado y a otro de la esfera política, incluidos nacionalistas e independentistas, los más franquitos de todos por cierto, mal que les pese, a los hechos me remito, asiento en el primer banco de la iglesia incluido. Y de los padrinos y vasallos a la corrupción no hay ni medio paso. La investidura del Presidente del Gobierno, por muy trepa que sea, no puede quedar en manos de un puñado de exaltados contrarios a las leyes y por tanto a la Democracia, de la que viven a base de nuestro dinero y esfuerzo por mantenerles en nuestras instituciones para que puedan seguir expresando sus ideas (a ver si en Alemania les darían voz y voto, tanto que presumen de Democracia), minoritarias por cierto, y aquí el deber del partido político mayoritario en la oposición es el de facilitar el Gobierno absteniéndose en la votación, en un gesto por preservar los pilares de la Democracia que todavía estamos construyendo, y es en esto en lo que deberían pactar y darse el abrazo, no pasa nada, no van a perder votos si tanto les preocupa, lo que van a hacer es quitarles las alas a los cuatro paletos que chantajean a todos los españoles y españolas con sus consignas fascistas e imposiciones a pie de calle, que ya ni pasear nos dejan, ni llevar a nuestros hijos al colegio sin que los señalen, ni dejan de comer la cabeza a los niños en el odio a España y a lo que haga falta, que esto debería estar penado por ley, al igual que todo adoctrinamiento infantil. El problema de España y de los españoles, entre otros, no es sólo de mentalidad, es que no conocen su Historia, no saben que Franco mandó fusilar a quien fuera superior jerárquico, al General de la República (que por cierto no era precisamente rojo comunista) que metió en la cárcel a los independentistas que infringieron las leyes de la Segunda República de España en 1934 (año de la proclamación del Estado Catalán dentro de la Segunda República de España), no saben que quien huyó entonces a Bélgica fue el Jefe de los Mosos mientras el President iba a la cárcel, no saben que el Cuerpo de Asalto del Ejército republicano ya tuvo que reprimir las revueltas de radicales y fanáticos por las calles de Barcelona y encañonar el Palacio del Presidente de la Generalitat hasta su rendición, y no saben que en esa España de los años 30 había gentes de ideas conservadoras pero también de ideas contrarias que eran patriotas y defendían la unidad de España. Todo eso y mucho más, no lo saben. Y como no hemos aprendido de nuestra Historia más reciente volvemos a caer en los mismos errores. Aquellos que han surgido ahora defendiendo con tanto entusiasmo la unidad de España, con sus consignas militares y sus corifeos legionarios, son los primeros que están poniendo las bases para destruirla, por su miopía y por su ignorancia, por su incapacidad para comprender que antes que Franco España era una, que también había y hay patriotas que no son de derechas y que defendieron y defienden la unidad. Ni unos ni otros son capaces de darse cuenta que con su falta de entendimiento y sus posicionamientos hacia los extremos nos roban España, por mucho que unos y otros paseen la bandera española. Los unos para recabar votos y después ponerse a ceder ante independentistas y enemigos de la ley, de la Democracia y de la unidad de España, y los otros por su monopolización de todo lo que se refiera a España, como si sólo a la derecha más recalcitrante le perteneciera, muy al estilo de lo que consiguió Franco: todo el que no estuviera con él era rojo comunista y contrario a la unidad, de modo que enarbolar la bandera de España se convirtió y todavía hoy, en un símbolo del franquismo, que nos robó y nos sigue robando España a los que no éramos ni somos franquistas y mucho menos “bajo palio”. No parece tampoco que los dos grandes partidos políticos se den cuenta de que con su falta de entendimiento por España están siendo fagocitados por sus verdaderos rivales políticos que son precisamente los que tienen a su lado, y que se van al extremo irreconciliable y utópico, unos ya  “en coalición” y los otros no tardarán en hecerlo a la siguiente oportunidad que les den las urnas. En definitiva, aparte del miedo que tienen todos a perder votos – y eso que algún partido se ha estrellado por ello o mejor dicho, por querer ganarlos – falta talante democrático y altura de miras para pactar con el contrario por España, por apuntalar las bases de la Democracia española para seguir creciendo y sobretodo para darse cuenta de que lo que están haciendo es robar España a todas las españolas y españoles, conduciéndonos a la inoperancia gubernamental, al fracaso económico y a la dependencia en independentistas, valga la paradoja, y así resulta la España robada.

fernando del cacho millán

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2 pensamientos en “La España robada

  1. Felipe Bertomeu D'ocon

    A veces la verdad asusta y hay que decirla poco a poco para relativizar su grandeza. Pero la verdad es esa. Es lo que hay.😊
    Aunque solo sean palabras. La verdad es esa. Con cariño

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