A favor de los Juzgados de Instrucción

Marzo 2020. Cuando se comete un delito se suele iniciar una fase denominada de investigación a cargo de un Juez de Instrucción. A éste le llega la noticia del delito (notitia criminis) bien porque alguien interpone una denuncia o porque la Fiscalía o la Policía ponen en su conocimiento unos hechos que revisten los caracteres de delito y es necesario realizar una serie de actuaciones (diligencias) para determinar quiénes son los autores, cómo han ocurrido los hechos, si se pueden conseguir más pruebas, interrogar a los sospechosos, a testigos, etc. También el denunciante puede interponer la denuncia ante la Fiscalía o la Policía y estos investigan para luego iniciarse la mencionada fase a cargo del Juez de Instrucción. Y es que no siempre que algo que parece que es un delito luego lo es, y otras veces sin embargo resulta evidente que los hechos son delictivos, pero hace falta realizar actuaciones o diligencias para dar con los autores, etc. Nuestra ley además obliga a que el Juez de instrucción que lleva a cabo estas pesquisas no sea el mismo juez que luego juzga a los presuntos culpables con todas las garantías de defensa, inmediación, oralidad, publicidad, etc. Por eso no puede afirmarse que el Juez de Instrucción sea inquisitorial ni inquisidor. El procedimiento denominado inquisitivo o inquisitorial lo protagonizaban antiguamente quienes se dedicaban a perseguir a personas inocentes y luego los juzgaban ellos mismos, cuando ya tenían preconcebida la condena desde un principio pero sobretodo porque se servían más del “etiquetado” o juicio de valor sobre la persona que de los hechos a juzgar. De este modo muchas mujeres fueron a la hoguera por el hecho de ser interesadamente insultadas como “brujas” en una sociedad en la que bastaba el calificativo personal para desahuciar a una persona para siempre. Pueden consultar todavía las actas de condena a la hoguera, estoy escribiendo sobre hechos que sucedieron y que son comprobables. Y aquello que parece tan lejano sigue, mutatis mutandis, practicándose todavía en nuestras sociedades modernas por quienes no han evolucionado mentalmente, se agarran a sus juicios de valor totalmente interesados y ya no hay quien les saque de ellos y de sus prejuicios, se empeñan en que no hay que dar la razón a determinada persona no porque los hechos no se la den y con ellos la ley, sino porque la persona en cuestión es considerada una tal o una cual, aunque haga falta hacerse mucha fuerza para convencerse del calificativo ramplón de turno. Y olvidan, con todas sus cátedras, que en los juzgados de hoy no se juzgan personas, se juzgan hechos a los que la ley aplica una consecuencia jurídica. Acudir al juicio de valor es propio de personas poco formadas, que además gustan de curiosear en la vida privada de los demás, propio de sociedades poco por no decir nada evolucionadas. Pero nuestra ley, con todo lo antiguo que se quiera pero también reformada, supone un revulsivo contra este tipo de actuaciones y los jueces de instrucción no investigan a personas por el juicio de valor con las que se las etiqueta. Se centran en los hechos y les aplican la consecuencia jurídica, deciden si hay suficientes indicios para remitir las actuaciones a otro juez para celebrar el juicio y punto. Y las Audiencias Provinciales no se niegan a revisar los Autos de los jueces de instrucción que ordenan la continuación de las actuaciones o confirman su archivo y muchísimo menos contra ley. Hace falta caer en lo irrespetuoso y estar muy alejado de la práctica forense para afirmar lo contrario, hay muchas personas trabajando y muy bien para hacer afirmaciones tan injustas.

Así las cosas los jueces de instrucción han desempeñado y desempeñan una labor encomiable en un procedimiento en el que el justiciable no se encuentra solo, tiene una defensa y además puede recurrir las decisiones importantes del juez encargado de la investigación de los hechos. De hecho cuando el juez de instrucción entiende que ha concluido la investigación y debe seguirse la causa a juicio dicta, por lo general, un Auto denominado de pase a Procedimiento Abreviado que puede recurrirse ante la Audiencia Provincial y de hecho se recurre en muchas ocasiones.  Además de ello las actuaciones o diligencias de la fase de instrucción se realizan con absoluto respeto a las garantías y defensa de los “investigados”. Quiero decir con ello que tenemos un proceso muy garantista y que calificar al Juez de instrucción de inquisidor hoy en día resulta no sólo faltar a la verdad sino un acto irrespetuoso e injusto hacia muchas personas que trabajan y muy bien en esta fase del procedimiento penal.

Por otro lado los fiscales no son convidados de piedra en la actual fase de investigación sino que también informan al juez sobre los recursos de los investigados/as, pueden proponer diligencias, solicitar el sobreseimiento y archivo, etc. Ahora bien, pretender que la fase de investigación (antigua instrucción) pase a depender de la Fiscalía es otra cosa y sus defensores silencian una circunstancia muy a tener en cuenta: los fiscales están sometidos al principio de dependencia jerárquica de modo que si un superior les insta a que persigan y acusen lo hacen en pro de la denominada unidad de actuación y lo mismo si les insta a no perseguir o a no acusar. El Juez de instrucción no depende jerárquicamente de nadie, es totalmente independiente. A partir de aquí que cada cual saque sus conclusiones.

Recurrir a que la Ley de Enjuiciamiento Criminal es antigua es otro recurso fácil y manido, lo antiguo no es necesariamente anacrónico, la ley ha sido objeto de reformas, lo puede seguir siendo y, con el debido respeto, ofrece una Exposición de Motivos de D. Alonso Martínez que ya les gustaría a muchas y muchos que no tienen otra cosa que hacer poder hoy escribirla como la escribió él entonces. Lo de que en otros países como Alemania la Fiscalía es la dueña de la investigación es otro recurso típico del complejo de déficit democrático que todavía tienen algunos/as en este país. Tampoco es la Fiscalía que tenemos nosotros, y no quiero decir que sea mejor ni peor, pero tampoco la Presidenta de ese país se permite decir en público lo que sobre ella ha dicho quien preside el nuestro, y no pasa nada, que en esto está la gran diferencia, puestos a comparar.

Por último, no faltan quienes postulan la desaparición de los jueces de instrucción mirando por sus propios intereses y el de una generalidad de personas, a no confundir con el interés general que es otra cosa, pues una derogación de tal calibre en la Ley de Enjuiciamiento Criminal les pone en el trampolín de darnos muchas conferencias, vendernos el Manual, los códigos comentados, y por supuesto de beneficiarse de los fondos públicos destinados a la elaboración e investigación del nuevo Code. Por sus comentarios y actuaciones mejor háganse el favor a sí mismos de no volver mañana.

FERNANDO DEL CACHO MILLÁN

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Un pensamiento en “A favor de los Juzgados de Instrucción

  1. Felipe Bertomeu D'ocon

    Gracias a tu magnifica explicacion, entiendo el funcionamiento de un procedimiento penal y la labor de investiigacion del juez de instruccion. Hasta ahora para mi totalmente desconocidas
    Siempre un placer . El poder leerte

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