Archivo por meses: marzo 2012

D. Juan Carlos, Urdangarín y el principio de igualdad.

Ahora que por primera vez un miembro de la familia real se ha sentado como imputado para declarar por delitos graves, como la malversación de fondos públicos, prevaricación, etc., surge la cuestión, entre otras, de las consecuencias para la Casa Real y algunos de sus miembros en especial, siendo evidente que pasar por semejante bochorno de incalculables consecuencias no es plato de gusto para nadie.

Quiera o no el imputado, D. Iñaki Urdangarín, ha involucrado a otros miembros de la familia real y lo que es peor, ha puesto en boca de todos a la Monarquía española, que siempre ha hecho ímprobos esfuerzos por conseguir el reconocimiento del pueblo y estar a su lado, cosa que, todo hay que decir, ha conseguido con un papel fundamental en la transición a la democracia. Pero ahora aquello es pasado y son tiempos muy difíciles, con una crisis económica, social y política que al apretar sacude la mala leche de todos, y para colmo de males sólo faltaba que imputen a un miembro de la Casa Real haberse enriquecido con fondos públicos y con el único título de ser el yerno del Rey.

De hecho en el interrogatorio le han preguntado a Urdangarín si fue advertido por el Rey para que cesara en sus actividades y negocios, a lo que ha respondido afirmativamente. La pregunta, traducida en términos jurídicos, no es en balde, pues podría probar lo que se conoce como dolo o intención de seguir haciendo conscientemente lo que se sabe está penado por la ley o al menos no es de recibo, y si Urdangarín ha reconocido que le advirtieron está evidenciando su conducta consciente y dolosa de seguir haciendo lo que sabía que no debía hacer.

También es cierto que no todo el mundo tiene la fortuna de que le advierta el mismo Rey de España; en esto se reconocerá que no somos iguales. Pero tampoco es cierto que todos seamos iguales ante la ley (principio constitucional que consagra el artículo 14 de nuestra Carta Magna), pues tampoco se podría citar a declarar como testigo ni al Rey ni a la Reina ni a D. Felipe en virtud de lo dispuesto en el artículo 411 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, por mucho que se empeñara el juez instructor, y nadie pone en duda que algo deben saber de todo esto e incluso tal vez corroborar o desdecir con su testimonio alguno de los hechos que se imputan.

Sea como fuere, lo cierto es que en el caso de D. Iñaki Urdangarín es evidente que ningún juez de instrucción le cita como imputado si no es porque hay evidencias de conducta delictiva. De hecho la propia Ley de Enjuiciamiento Criminal prevé en su artículo 269 entre otros, que los jueces de instrucción se abstendrán de todo procedimiento cuando una denuncia sea manifiestamente falsa o los hechos no revistieren carácter de delito. Pero aquí nos atrevemos a poner un plus de cautela, no porque un juez quiera hacer distinciones, sino porque la distinción ya le viene impuesta por la persona denunciada en cuestión,

 

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